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martes, 11 de octubre de 2011

Sobre prospectos y otras cuestiones.

(Reflexión surgida a partir de los articulos sobre vademecums y prospectos en este mismo blog)

Creo que la discusión sobre los prospectos y vademecums, a quienes van dirigidos y que información tienen o deberían tener, está incluida en el debate sobre que tipo de medicina tenemos y porque tipo de medicina tenemos que luchar (entiéndase luchar como construir desde la resistencia). ¿Cómo nos paramos frente a los medicamentos?, ¿Quiénes determinan lo que sabemos sobre ellos, nosotros o los laboratorios?, ¿Qué podemos hacer para mejorar?

La salud se ha visto convertida en una nueva mercancía, la salud no es un derecho es algo que se compra y se abona en caja.

En ese contexto, ¿a quien va dirigido un prospecto por ejemplo? Al cliente.

Uno de los chicos describía (en la sección de comentarios del blog) como era el prospecto de un suplemento vitamínico de venta libre (Berocca), más que a un elemento informativo me remitió a un instrumento de publicidad: no es relevante la posología, las interacciones o los efectos adversos del producto o bien lo dejamos en segundo plano. Ahora los medicamentos cuentan con grandes campañas publicitarias donde apelan a la simpatía para vender su producto.

Me viene a la cabeza la publicidad de Anaflex y su “¿Si la inflamación no se va, el dolor vuelve?”.

Comprobé que la campaña había sido eficaz cuando mis propios amigos me hicieron exactamente esa pregunta, esperando que mi respuesta fuera la de la publicidad.

Incluso la gente de Bayer realizó hacer una simpática animación en la página Web donde inflamación (una señora regordeta) y dolor (un señor alto flaco) caminan por toda la pantalla dejando a su paso un tendal de inflamación y dolor (www.anaflex.com.ar).

Entonces, la publicidad vuelve al fármaco un amigo, alguien en quien uno confía.

En algún punto lo vuelve algo inocuo, cuando en realidad no lo es.

En letra minúscula la publicidades sobre medicamentos de venta libre rezan: “ante cualquier duda consulta a su medico”, o un locutor dice “Ante cualquier duda consulte a su médico que seguro se lo va a recomendar”.

De alguna manera el paciente quedo solo frente al laboratorio y a toda la artillería de su departamento de publicidad.

Frente a ese panorama el paciente requiere el prospecto como fuente de información. Pero no cualquier información, se requiere que sea información clara, concisa (como bien se dijo en el blog, no por eso errónea) sin lenguaje técnico y con información que para él sea relevante (¿como tomarlo?, ¿con las comidas?, ¿separado de las comidas?, ¿que pasa si me olvido de tomarlo?, ¿y si tomo de mas?, ¿donde voy?, ¿a donde llamo?, ¿que hago si aparece algún efecto adverso?, ¿Cuales son los que pueden aparecer?)

El lenguaje técnico aleja, el paciente que no entiende el prospecto lo descarta como elemento informativo. Y esto es importante principalmente en los medicamentos de venta libre, dado que no hay participación del medico que explique, pero es importante para drogas que se expenden bajo receta también. Una buena explicación del medico sobre como manipular el medicamento acompañado de un prospecto al que el paciente pueda recurrir en caso de interrogantes que puedan surgir, permitirá un mayor éxito terapéutico y menor aparición de efectos no deseados por errores en su uso.

También es imperioso revisar la actividad del medico, ¿que motiva al medico a recetar una marca u otra? En muchos casos será la eficacia, en otros el trabajo fino de los laboratorios y las millas acumuladas por congresos en Cancún. Entonces no es solo el paciente el que necesita buenas fuentes de información y que esta sea precisa y clara. Cito el artículo del blog sobre el vademécum:

“La realidad muestra que muchos vademécum son emprendimientos comerciales de índole editorial y de publicidad, los cuales, sometidos a una serie de presiones, y con el imperativo de la ganancia operativa, no pueden/ no saben / no quieren tomar la decisión dura: que la adecuada información al profesional esté por encima de las consideraciones comerciales y de venta.”

Por lo tanto la misión es doble, no solo necesitamos redefinir el prospecto sino también el vademécum. A quienes está dirigido, que debe decir, como debe decirlo.


Por último creo que también es necesario plantearse cual es el papel del Estado y de las políticas de salud pública en este tema. Cuál es el papel que tienen y cual el que realmente es necesario que adopten los organismos de control. Sabemos que la presión de los laboratorios es muy fuerte. Aun con ese cuadro de situación tiene que haber posibilidades de cambiar un poco las cosas. De empezar a marcar ciertos limites.

No por capricho, ni por autoritarismo sino simplemente porque en cosas como estas se va la salud de mucha gente.


Ailín Laso. Estudiante de Medicina. UBA.

jueves, 21 de abril de 2011

¿Prospectos = Vademecums? Importancia de estas herramientas en la Automedicación

Prospecto: "información escrita dirigida al consumidor o usuario, que acompaña al medicamento." Definición de Wikipedia. Creo que es importante que nos planteemos si realmente esa información está dirigida al consumidor, y si ese consumidor fue también paciente. Es decir, si es una persona que padece física y corporalmente, y especialmente si está bajo ATENCIÓN MÉDICA, o si se está automedicando y autodiagnosticando.
Por un lado, si está bajo atención médica también hay que tener en cuenta la calidad de ésta. O incluso si el médico le explicó bien al paciente cómo seguir el tratamiento. Pero si el paciente cuando llega a la casa no se acuerda, ¿a qué recurre? ¿Al prospecto? Claro es el ejemplo de los anticonceptivos, lo vimos todos cuando Jesica lo llevó el jueves a la clase.
¿De qué sirven los prospectos que solemos ver?
¿Para cubrir legalmente al laboratorio? Entonces… lo único que importa es el dinero, y no tener problemas legales en la búsqueda de este bien material. ¿Y la salud? ¿No importan las consecuencias de la falta de información clara para el paciente?
Algunos (prospectos) utilizan eufemismos: "efectos secundarios" o "colaterales" en vez de "efectos adversos”. Esto es como en los estudios en los que se comprueba que el fármaco a prueba tiene más efectos adversos que el control y se dice “con el control obtenemos más eficacia”, para no decir que el que pusimos a prueba no sirve (ejemplo, ensayo VIGOR con rofecoxib: http://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJM200011233432103). Para interpretar cualquier texto hay que tener en cuenta cual podría ser el objetivo del emisor, si su objetivo es vendernos algo, claramente van a utilizar eufemismos y tenemos que tener los ojos bien abiertos.
Se justifican diciendo que buscan no inquietar a los pacientes. ¿Muy paternalista? ¿Preferimos que nos oculten la información, o nos mientan para que no nos preocupemos? ¿O preferimos que nos den todas las herramientas para poder elegir con criterio y fundamentos?
¿Los prospectos son para los médicos?
El médico tiene conocimiento, libros, tiene el vademecum, y también si quiere puede utilizar los prospectos, ¿y el paciente? Bien, gracias. El paciente necesita información para intentar acercarnos lo más posible al consentimiento informado. Nosotros como futuros profesionales nos podemos plantear si nos importa que el paciente entienda lo que decimos en la consulta, y se vaya del consultorio con una idea clara del tratamiento que debe hacer. Una experiencia que me demostró que muy pocas veces sucede esto fue en un centro de salud en el que la ginecóloga le dio pastillas anticonceptivas a una adolescente, le explicó cómo debía tomarlas. Al encontrarme en el pasillo del centro de salud con la paciente le pregunté si realmente había entendido cómo debía tomar las pastillas. La respuesta fue “no”, se lo volví a explicar y a escribir. Como ella habrá muchas más, y si no se encuentran con alguien que les explique irían a leer el prospecto de los anticonceptivos con letra tan pequeña y tan extensos? Supongamos que sí, ¿lo entenderían REALMENTE?
Muchos pacientes dicen leer y entender los prospectos; el primer paso para resolver un problema es reconocerlo, saber que existe.
Estoy de acuerdo con lo que dice Pablo que debería contener el prospecto y las formas. Buscando en casa encontré uno entre tantos que realmente creo que sirve para los pacientes, pero es de un medicamento de venta libre, y cuando lo compré en la farmacia me dieron la opción de comprar sólo el blister, si compraba sólo el blister, chau prospecto, éste iba a quedar en la caja. Entonces por un lado hay que lograr que todos los medicamentos tengan prospectos claros para el paciente con la información adecuada y por el otro, en el de medicamentos de venta libre habría que brindar un prospecto por cada blister. Y todos los agentes de salud (incluyendo los farmacéuticos) deberíamos tomar conciencia de la importancia que tiene brindar adecuadamente la información.
Los farmacéuticos, espero que no todos, no brindan asesoramiento sobre los medicamentos de venta libre e incluso venden libremente medicamentos de venta bajo receta. Levante la mano quien nunca vio algo por el estilo. Aquí es dónde nos podemos preguntar si no sería mejor tomar el modelo que se utiliza en algunos lugares de España dónde los farmacéuticos están capacitados para orientar a los pacientes en la toma de medicamentos para muchas enfermedades y dolencias “comunes” pero no son un sustituto del médico si lo que tiene es un problema más grave.
¿Esto contradice a una de las premisas que promueve el uso racional de medicamentos en la población? ¿O quizás es mejor dar esta opción y que consulten con el farmacéutico antes de que haya automedicación o consultas médicas excesivas?
Un gran tema de debate, no para juzgar a los farmacéuticos españoles, sino para pensar si es o no una medida que pudiera disminuir la automedicación en Argentina.

Por empezar tendrían que hacerse prospectos para los pacientes, y si los medicamentos se venden por blisters, debería haber un prospecto por cada blister y el farmacéutico tomar la responsabilidad de entregarlo a cada paciente y comentarle la importancia de su lectura.
Como médicos debemos tomar el compromiso de asegurarnos de ser claros con nuestros pacientes, sobre todo cuando se trata de indicarles el tratamiento.
Como pacientes tomemos conciencia de que los medicamentos son para curarnos pero que también pueden enfermarnos.
Con respecto a los vademecums creo que lo que pide Pedro no es demasiado, sino lo que deberían contener. Sabemos que existen límites de espacio, pero más limitados vamos a estar si ponemos el espacio publicitarios por sobre el espacio informativo de calidad.Sí, la empresa debe subsistir, pero quienes utilizamos los vademecums podemos pagar por ellos, o, el sistema podría cubrir parte de éste gasto, o se podría dar espacio para publicidades, pero sin extremos, sin priorizar el marketing. Y claramente publicitando un producto confiable y no el que pague más.
Estoy de acuerdo con que es responsabilidad de la ANMAT realizar el análisis de los vademecums, pero si ésta no lo hace nosotros tenemos que poder realizar un análisis crítico sobre el vademecum que utilizaremos, y mientras tanto reclamar a las autoridades regulatorias que cumplan con las responsabilidades que supuestamente toman al momento de asumir el control.
¿Automedicación en Argentina?
Es claro el fetichismo que se genera frente a los medicamentos. Éste hace que además de sobrevalorar algo, lo consumamos en desmedida, lo que me da el pie para hacer referencia al artículo “La Patria Pastillera” (http://www.cancerteam.com.ar/braco25.html), la conclusión del principio: “que nuestra sociedad vive inmersa en una verdadera dependencia química". Claro ejemplo el del clonazepam, esta tan sobrevalorado, que se toma en desmedida, sin autorización médica, “porque lo toma mi vecino y puede dormir mejor” (por decir algo). “Anécdota” (más que para reír era para llorar) de marzo del corriente año, una compañera del gimnasio comentaba que otra compañera le conseguía el clonazepam, y que lo tomaba cuando estaba muy ansiosa o nerviosa, y dependiendo del grado de ansiedad tomaba 0,25 o 0,5 (o algo así entendí yo que escuchaba sólo por compartir el mismo espacio), acto seguido la compañera que conseguía el medicamento dice: “yo le ponía un cuartito en el café a mi marido” (ohhhhhhh my god!!!!!!!!!!!!!!) por un lado no podía creer lo que escuchaba, y esperaba que fuera broma, por el otro lo creía posible, cosa que me decepciona aún más, y por otro lado pensaba si comentar algo o no. No dije nada, no las conozco y no sabía como podían tomar mi rechazo total a tales comentarios, quizás cobarde mi decisión. Sin embargo, en mi casa, mi papá y su pareja también toman clonazepam, la diferencia es que a ellos si les doy mi opinión totalmente en contra de que lo hagan, obviamente que lo siguen haciendo, pero si también tanta gente fuma aún sabiendo el daño que hace, y aún sabiendo que le hace daño a los que más cerca suyo están… ¿cómo hacer para revertir estas conductas? (“Use the Force”, no?).
Reconociendo los orígenes de la automedicación que se plantean en el post del blog (http://farmacoymedicina.blogspot.com/2009/02/automedicacion.html) creo que deberíamos considerar la importancia del rol del farmacéutico para ayudar a los pacientes, y en caso de que se soliciten medicamentos de venta bajo receta la importancia del farmacéutico como agente de salud y no como comerciante que lo único que busca es vender, vender y vender.
Perdón, Pedro, pero no estoy de acuerdo con la primera conclusión del artículo “la automedicación llegó para quedarse y expandirse. Hay que vivir con ella” O sí, hay que vivir con ella, si nos quedamos con los brazos cruzados. Si nos movemos, hay que revertirla, hay que educar para que se tome conciencia de la importancia que tiene consultar antes de tomar el medicamento y no consultar ante la presencia de efectos adversos cuando ya podría ser tarde. Sí estoy de acuerdo con las otras dos conclusiones, y con estas se puede aclarar “hay que vivir con ella” y seguiremos viviendo con ella (la automedicación) si no tomamos las medidas necesarias para cambiar la situación.

Saludos,
Pamela

domingo, 30 de mayo de 2010

Cuántos médicos argentinos usan tests farmacogenéticos?

Muy pocos. Los por qué habría que buscarlos entre una variedad de motivos: limitaciones en la información y actualización, desinterés por embarcarse en un área nueva que obliga a estudiar, dudas sobre la relevancia clínica de la herramienta farmacogenética, apego a los "modos establecidos de hacer las cosas" y resistencia al cambio, conflictos de interés (temor a perder beneficios económicos o a perder el control de la relación médico-paciente).

En la otra esquina, los abogados leen, deleitados, los prospectos de numerosos medicamentos, en los que por autoridad de la FDA se ha incluido la fuerte recomendación o la obligatoriedad de realizar algunos tests farmacogenéticos para identificar a los pacientes con mayor probabilidad de beneficio, o con mayor riesgo de toxicidad grave o letal, o que requieran un ajuste posológico no contemplado en los algoritmos de uso corriente.

Corren tiempos fabulosos... para los abogados. La FDA lo hizo.

Clopidogrel, Omeprazol, anticoagulantes orales (warfarina, acenocumarol), citotóxicos como el fluorouracilo y la capecitabina, así como el irinotecan. Y sigue la lista.

Cordialmente,
Dr. Pedro Politi

viernes, 17 de julio de 2009

Precaución: contraste yodado intravenoso y metformina

La advertencia figura en el prospecto de metformina aprobado por la FDA: se debe suspender la metformina antes de un estudio con contraste yodado intravenoso (angiografía cerebral, coronaria u otra; tomografía computada con contraste intravenoso, etc).

Esto se debe a la posibilidad de incrementar el riesgo de acidosis láctica (eventualmente fatal) asociada a metformina, bajo las condiciones de función renal reinantes inmediatamente después de la administración de contraste yodado intravenoso (Salpeter S, et al. "Risk of fatal and nonfatal lactic acidosis with metformin use in type 2 diabetes mellitus: systematic review and meta-analysis". Arch Intern Med 163(21): 2594–602).. Se debe asegurar adecuada función renal post-contraste, antes de reiniciar la terapia con metformina.

Recordemos que la metformina, utilizada ampliamente en pacientes con diabetes mellitus tipo 2 (se estima un consumo de 35 millones de prescripciones en el 2006, en EEUU solamente, según http://drugtopics.modernmedicine.com/drugtopics/data/articlestandard/drugtopics/092007/407652/article.pdf), se excreta en forma inalterada en la orina, y que 90% del fármaco se recupera en la orina en las primeras 24 horas. Cualquier factor que reduzca la filtración glomerular podrá generar acumulación del fármaco.

Las sustancias de contraste intravascular (especialmente, el contraste yodado) puden causar una reducción de la función renal. Sin embargo, no hay evidencia concluyente que indique que el uso de sustancias de contraste intravascular precipite acidosis láctica en pacientes con función renal normal tratados con metformina. Esta complicación se ha observado en pacientes con diabetes mellitus y deterioro de la función renal previo a la inyección de agentes de contraste.


El Colegio Real de Radiólogos (británico) publicó recomendaciones al respecto (http://web.archive.org/web/20040104141219/http://www.rcr.ac.uk/pubtop.asp?PublicationID=70 ), en una declaración que reconoce que los estudios con contraste intravascular yodado pueden causar alteraciones agudas en la función renal, por lo que debe suspenderse la metformina antes del estudio, y por 48 horas post- estudio, siendo reinstituida luego de haber reevaluado la función renal (al menos, con creatinina sérica), y haberla hallado normal. Debido a que no se ha reportado acidosis láctica con metformina post-contraste yodado intravenoso en Gran Bretaña, se recomendó que si la función renal es normal pre-estudio contrastado, la suspensión de la metformina sea por 48 horas, mínimo. Si la función renal pre-estudio fuera anormal, entonces deberá necesariamente asegurarse que ésta se normalice antes de reiniciar la metformina.

Thomsen y Morcos publicaron recomendaciones de la Sociedad Europea de Radiología Urogenital en el año 2003 ( http://bjr.birjournals.org/cgi/content/full/76/908/513 ). Estos autores señalan que el material de contraste no es reabsorbido a nivel tubular, y por tanto, ejerce un efecto osmótico con reducción de la reabsorción tubular de agua y sodio. El incremento de la presión intratubular, más el "feedback" túbulo-glomerular llevarán a una reducción de la velocidad de filtrado glomerular.
También se ha señalado el rol de efectos nefrotóxicos directos de los agentes de contraste, particularmente aquellos de alta osmolalidad, sea via feedback túbuloglomerular, con vasoconstricción arteriolar aferente a nivel glomerular y aumento de la resistencia vascular renal. La activación de mecanismos pro-apoptóticos a nivel tubular renal sería otro elemento relevante en este fenómeno.

Las recomendaciones, en formato tabular: http://bjr.birjournals.org/cgi/content/full/76/908/513/T1

Básicamente, una hidratación parenteral juiciosa y controlada, y el respeto de las recomendaciones y pautas de manejo son las dos herramientas preventivas más importantes.

Atentamente,
Dr. Pedro M. Politi






sábado, 2 de mayo de 2009

Tests farmacogenéticos: identificando pacientes en alto riesgo de toxicidad

Ya no hay excusas: la gran mayoría de los tests farmacogenéticos que permitirían detectar pacientes portadores de polimorfismos determinantes de alto riesgo de toxicidad grave por diversos fármacos ya han sido incorporados a los prospectos de los respectivos medicamentos.

Recordemos burlonamente el concepto: "llámase prospecto a ese papel que los médicos ignoramos, y que leen con atención al detalle los pacientes... y sus abogados".

Verdaderamente es penoso tener que recurrir al temor al litigio legal para lograr que los médicos nos ocupemos de mejorar nuestra práctica profesional, pero si no queda otra alternativa...

Ahora, por la vía racional: los tests farmacogenómicos disponibles permiten identificar - mediante una extracción de sangre, y más raramente, mediante una muestra de tejido de órgano sólido obtenido por biopsia - polimorfismos genéticos validados como responsables del riesgo elevado de toxicidad grave o letal por ciertos medicamentos. Estos polimorfismos pueden ser mutaciones, o bien "indels" - inserciones o deleciones de bases. Las modernas técnicas de amplificación de ácidos nucleicos, acopladas con métodos de análisis rápido de la secuencia (por ejemplo, electroforesis capilar) permiten tener resultados en unos pocos días.

Entre los tests disponibles se hallan los que se vinculan con la eficacia de la anticoagulación oral (vitamina K oxidoreductasa), con el uso del inmunosupresor y citotóxico, mercaptopurina (MGMT o metilguanina-metiltransferasa), con diversos antimetabolitos, tales como fluorouracilo y capecitabina (DPD o dehidro-piridín-dehidrogenasa) y además, con metotrexato (metilen-tetrahidrofolato reductasa), y con el citotóxico irinotecan (UGT 1 A 1 o glucuroniltransferasa).

Otros tests evalúan polimorfismos en genes de CYP, las subfamilias de enzimas microsomales citocromo-P450, tales como 2 D 6 (metabolizadoras de codeína, fluoxetina y otros antidepresivos relacionados, varios beta-bloqueantes y otros), 3A4 (metabolizadora de una amplia variedad de fármacos: antifúngicos azólicos como el itraconazol, antibióticos macrólidos como la eritromicina y la claritromicina; narcóticos como la metadona y la morfina; inhibidores de proteasa, estatinas y casi el 50% de los medicamentos de metabolismo microsomal definido).

Algunos tests cuya disponibilidad se espera aumente y mejore en el mediano plazo son los que detectan la presencia o ausencia del "blanco" molecular (diana, para los hispanohablantes) - y permiten decidir sobre la conveniencia o no de utilizar un fármaco dirigido contra esa estructura molecular, y muy importante, decidir sobre el financiamiento y cobertura del mismo - y también los que detectan polimorfismos en moléculas transportadoras de membrana, o enzimas detoxificadoras, o elementos de la cascada de señalización celular (como por ej, la tirosina-quinasa acoplada a receptor a factor de crecimiento epidérmico, o la tirosina-quinasa de fusión generada en la leucemia mieloide crónica), o a mecanismos de reparación del daño del ADN o de mitigación del daño por radicales libres (ej, glucosa-6-fosfato-dehidrogenasa, G6PD, deficiente en individuos proclives a presentar metahemoglobinemia o hemólisis con sulfonas).

Es difícil argumentar que el costo de los tests es elevado como motivo para no solicitarlos: no cuestan más que una resonancia magnética con contraste intravenoso. Los resultados valen para toda la vida del individuo, y permiten modificar el curso de acción: evitar un fármaco, aumentar las medidas de protección, modificar la posología, etc.

Y mantener a los abogados a prudente distancia de la práctica profesional.

Cordialmente,
Pedro Politi

lunes, 9 de febrero de 2009

Prospectos: ¿para quién están escritos?

La lectura de los prospectos de medicamentos, tanto en nuestro país como en Europa o EEUU plantea dos preguntas: ¿quién o quiénes son los destinatarios? ¿quiénes se benefician con el actual estado de cosas?

Comencemos planteando polémica: se podría decir que "prospecto es un documento (texto en papel) que despreciamos los médicos, y que es leído por los pacientes... y sus abogados". Seguramente esto atraerá la atención de los médicos.

Analicemos primeramente los prospectos de medicamentos de venta bajo receta:

Por una parte, en la Argentina sobreviven aún prospectos que no brindan siquiera la información mínima necesaria. Por ejemplo, algunos utilizan eufemismos: "efectos secundarios" o "colaterales" en vez de efectos adversos. Otros incurren en expresiones vagas: "medicamento generalmente bien tolerado", sin mayor elaboración o aporte de información adicional.
Queda claro que esos prospectos están escritos para consumo de los pacientes, y que "se buscó no inquietarlos". Muy paternalista.

En contraste, la abrumadora mayoría de los prospectos norteamericanos busca compactar una enorme masa de datos (que no necesariamente producen "información" ni ayudan a formarse una idea clara), en tipo de letra muy pequeño (¿qué hacemos con los ancianos o con quienes tienen dificultades visuales?), en un orden pautado por la autoridad regulatoria. La extensión puede ser de varias páginas en letra menuda. En otras palabras, el paciente típico suele verse desalentado de emprender una extensa lectura de "letra chica", y para mayor dificultad, con lenguaje técnico y sin explicaciones al alcance de la población general.
Un ejemplo es el prospecto de diversos anticonceptivos orales: extenso texto, abigarrado, técnico, complejo.
En este contexto, puede concluirse que este tipo de prospectos no parece estar dirigido a los pacientes, sino a profesionales de la salud. El inconveniente es que en este supuesto, el prospecto es entregado dentro del envase, y pasa a manos del paciente, que no suele entender mucho lo que lee - si se toma el trabajo de afrontar esa lectura de principio a fin.

¿Este tipo de prospecto abigarrado y lleno de tecnicismos, será un mero trámite regulatorio, burocrático, con el que cumplen los laboratorios farmacéuticos? ¿Podría ser un amplísimo "disclaimer" (documento en que se desea deslindar responsabilidades) para cubrir legalmente al laboratorio?

¿Qué opinan los lectores?

Pasemos a los prospectos de medicamentos de venta libre:
En esta situación, por definición, no hay un médico prescriptor, por lo que se supone que el paciente requiere más orientación. Sin duda, muchos farmacéuticos dedicados y serios hacen todo lo posible y más para brindar este asesoramiento en sus farmacias. Sin embargo, esta situación dista de ser la más frecuentemente hallada. Sin contar con que en muchos casos, el entorno de diversas cadenas de farmacias no facilita la interacción con el profesional (se selecciona un envase de la góndola y se pasa por la caja), y en otros casos - admitidamente, fuera de la ley - el producto es expendido en quioscos.

Hagamos ya la pregunta: ¿quién vio un prospecto de aspirina, si típicamente se expende por blister? Hay impresa alguna advertencia en la cara de aluminio del blister de aspirina? Recordemos que se trata de un producto de amplísimo uso, pero que tiene definida una dosis tóxica, y que en niños, o en ancianos, o en pacientes con patología gastroduodenal activa podría desencadenar efectos adversos serios y potencialmente letales (acidosis metabólica en el contexto de intoxicación masiva o submasiva; sangrado gastrointestinal severo; más raramente, sangrado cerebral).

Más aún: en nuestro país se expenden comprimidos de aspirina pensados para uso pediátrico. En Gran Bretaña, según entiendo, su uso en menores de 12 años ha sido prohibido, y la Academia Americana de Pediatría recomendó que no se utilizara la aspirina en niños
¿Tiene el blister una advertencia?

En resumen: la necesidad de orientación es mayor precisamente en pacientes que compran medicamentos de venta libre, y especialmente si lo hacen por blisters, y éste es un tema no resuelto. Una marca de aspirina tiene "el prospecto" impreso en letra muy pequeña en el envase de gran tamaño que se usa para dispensar los blisters.

Entonces, ¿para quién es el prospecto?

Evolución de algunos prospectos: "Información para el paciente"

Desde los años noventa, la Farmacopea de los EEUU (USP; United States Pharmacopoeia), una organización no-gubernamental, publicó una serie de prospectos modelo destinados a los pacientes. Desde entonces, algunos laboratorios han incorporado a sus prospectos una sección de Información para el paciente. Un ejemplo en este sentido son algunos prospectos de alendronato, que informan en detalle cómo y en qué condiciones debe ingerirse el medicamento.

Por lo tanto, queda reconocido que el prospecto detallado y técnico nunca estuvo destinado al paciente.

La autoridad regulatoria argentina (ANMAT) se ocupó del tema, con resultados diversos que están a la vista.

¿Qué opinan o aportan los lectores?

A modo de referencia, adjunto un link a una respuesta sobre el tema, brindada hace unos años por una distinguida estudiante, Florencia Deschle : http://www.cancerteam.com.ar/corr019.html

Cordialmente,

Dr. Pedro Politi