Mostrando entradas con la etiqueta control. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta control. Mostrar todas las entradas

viernes, 11 de febrero de 2011

Aprobación regulatoria no es sinónimo de efectividad clínica -ni de seguridad

Ni el título ni el problema de fondo son novedad: la aprobación regulatoria para la comercialización de un medicamento no siempre implica que éste sea clínicamente efectivo - ni razonablemente seguro. Esta es "la revelación" que nos llega a los médicos y estudiantes de Medicina luego de analizar la evidencia clínica presentada como soporte de una solicitud de autorización de un nuevo (o viejo) fármaco.
De hecho, varios medicamentos son removidos anualmente del mercado, y muchos más ven retirada su financiación por parte de países con sistemas nacionales integrales de salud (Francia, por ejemplo), debido a que no cumplen con las expectativas de eficacia y/o seguridad. En los EEUU, la causa más común de retirada de un medicamento del mercado en los últimos años es la falla hepática aguda. Otro motivo relevante es la prolongación del intervalo QT corregido en el electrocardiograma (un factor de riesgo para arritmias ventriculares malignas).
Algunos de los graves efectos adversos asociados al uso de un fármaco resultan indetectables durante la etapa de investigación clínica debido a su baja frecuencia: sólo un sistema de atenta observación (farmacovigilancia) y pronto reporte (diseminación amplia de los resultados y denuncias de farmacovigilancia) puede poner en alerta a los profesionales de la Salud. Esto se cumple en EEUU y en Canadá, por citar dos importantes ejemplos, donde hay información disponible online en la página de la FDA y en Santé Canada/Health Canada.
Además, la "cultura regulatoria" es muy diferente a lo ancho del planeta: Europa tiene un ente supranacional (EMEA, o más recientemente, EMA, European Medicinal Agency) que coexiste con las autoridades regulatorias de cada pais europeo, y si bien el sistema exige ensayos clínicos aleatorizados, la decisión se ve influida por un proceso no enteramente transparente, en que se valora "la opinión del experto" (habitualmente un profesor en la materia); en los EEUU, la FDA a menudo convoca a una reunión pública de expertos invitados por la misma agencia (seguida de una votación y discusión en privado)... y recientemente, tiende a decidir lo contrario de lo recomendado por éstos, si a juicio de los funcionarios de la FDA quedaran temas no resueltos a gusto. En contraste, Japón mantiene una posición en que no son necesarios ensayos de fase III para determinar el acceso de un nuevo medicamento al mercado - particularmente en el área de antitumorales, por ej.
El decreto presidencial 150 del año 1992 tuvo y tiene un importante impacto sobre la entrada de medicamentos al mercado argentino: si está aprobado "en un país del Primer Mundo", el trámite es rápido y relativamente simple, en plazos más cortos que si proviene de un país no incluido en aquella lista privilegiada. El problema estriba en que, en los hechos, el sistema regulatorio argentino es una triste combinación de "colador" de agujeros amplios y un "embudo", por el que nuestro sistema acepta fármacos aprobados bajo muy disímiles condiciones y rigor de evidencia en cuanto a eficacia y seguridad. Si a eso le sumamos que la ANMAT (autoridad regulatoria argentina) es sumamente remisa a remover medicamentos del mercado, quedamos en que en la Argentina, el control de los medicamentos asemeja al de un local bailable mal administrado, sin vigilancia (sin patovicas): la agencia "no se reserva el derecho de admisión y permanencia".
Como resultado, los médicos argentinos buscamos información de farmacovigilancia extranjera - sobre los productos aprobados en nuestro país. Como evento reciente, recomiendo leer las entradas sobre propoxifeno.

Por lo tanto, la posición del profesional de la salud debería ser: "en Dios confiamos; todos los demás, muestren los ensayos clínicos aleatorizados". Discernimiento, análisis crítico, pensamiento independiente.

Atentamente,
Pedro Politi

martes, 15 de septiembre de 2009

Medicamentos falsificados o adulterados

Escribo este comentario como complemento del publicado en el blog: http://oncologiapersonalizada.blogspot.com.

Anteriormente en este blog de Farmaco y Medicina, se abordó el tema de los medicamentos cuya fecha de vencimiento había sido superada. En el Commonwealth británico, es delito entregar, comercializar o donar medicamentos vencidos. En la Argentina, una disposición de la ANMAT, el organismo gubernamental que tiene a su cargo el contralor de la calidad de los medicamentos y alimentos, prohíbe la distribución de medicamentos ilegítimos o falsificados.

Recordemos nuestra historia reciente: en los años noventa, hubo muertos por un propóleo (suplemento dietario, de valor terapéutico no establecido, dicho sea de paso) formulado en dietilenglicol (un tóxico poderoso) en lugar de polietilenglicol. También en los noventa hubo muertos por adulteración de vino en damajuanas, "estirado" (diluído) con metanol, con las consecuencias imaginables: ceguera, acidosis metabólica grave o letal, convulsiones.

Hace pocos años, una o más partidas de una formulación de hierro para uso intravenoso causó varias muertes, mayormente de mujeres jóvenes, varias de ellas embarazadas. La impresión personal, a partir de la lectura de los medios periodísticos disponibles en Internet, es que sólo se sancionó a personas involucradas con el segmento final de esta letal cadena de hechos: un enfermero que aplicó una de las inyecciones (¿cómo?), una jefa de farmacia hospitalaria, y un director de hospital. ANMAT comunicó que "toda la partida falsificada fue secuestrada", por lo que resultó luego sorprendente que se produjese una segunda oleada de casos. Hubo mucha especulación sobre si efectivamente se trataba de una partida falsificada o adulterada, y al menos un boletín de ANMAT arrojó dudas de tal interpretación de los casos para la "segunda ola" de eventos adversos graves. De todos modos, por el motivo que fuere, murió gente, prematuramente.

La ambición de lucro - recordemos - no logra proteger ni restaurar la vida de nadie. El modelo de mercado muestra en toda su crudeza que no hay límites éticos si la ganancia es erigida en divinidad absoluta, por encima del respeto a la vida.

En el caso de los medicamentos oncológicos, anti-HIV y antihemofílicos, también es sorprendente (y causa disgusto, por lo tardío) que la Superintendencia de Salud, dependiente del ministerio, sólo ahora decide requerir a las obras sociales alguna documentación sobre los tratamientos entregados a sus afiliados (ver: http://www.clarin.com/diario/2009/09/15/elpais/p-01999120.htm). De ser confirmada la noticia en los términos en que fue publicada, se trataría , a todas luces, de demasiado poco, demasiado tarde.

Es dable pensar que el Estado no se halla "ausente", sino que su presencia y su rol (por acción u omisión, según el caso) son críticos para mantener y sostener el status quo.

El infierno son los otros, afirmó Sartre. ¿Qué podemos hacer nosotros?. Dejo la pregunta para los lectores.

Atentamente,
Dr. Pedro Politi